Debo dejarla en paz,
al menos por hoy,
preferiblemente por algunos días.
Debo dejarla en paz,
porque esto ha llegado demasiado lejos,
creo que ella necesita un respiro,
descansar de mí.
Debo dejarla en paz
porque yo también necesito descansar
de esta obsesión,
de la necesidad de llamar su atención.
Y en verdad, debo dejarla en paz,
porque, en el fondo, solo quiero hacerme desear.
Debo dejarla en paz,
porque no soporto la idea de que no me elija.
Debo dejarla en paz,
no quiero que sea el agradecimiento o la vergüenza lo que la impulse.
Voy a dejar de orbitar a su alrededor,
porque ya no sé si de verdad orbitamos la una alrededor de la otra
o si todo es solo una mentira que me he contado,
porque eso es lo que quiero creer.
En fin,
que aunque parezca contraintuitivo
voy a dejarla en paz,
porque la quiero.
Sí, voy a dejarla en paz,
pero nos veremos mañana
y no sé si estas resoluciones sobrevivan a nuestro encuentro.