Tocan a tu puerta. ¡No lo crees! ¡Es ella! Tanto tiempo estando lejos. Ni en el más loco de tus sueños lo imaginaste. Te preguntas cómo es que supo tu dirección.
Salta a tus brazos, como siempre, pero la sensación no es la misma. La ves ligeramente magullada y adolorida. Los golpes de la vida. Ya no sufres con ella. Navegan en un pasado borroso, mientras te llena de halagos que no surten efecto.
Te cuenta de su vida; nada parece importante. Y en la despedida, cuando te besa, sabes con certeza que ya no queda nada.
-GatoCurioso